Elegguá
(Niño de Atocha y San Antonio de Padua) Elegguá es hijo de Okuboro
que era rey de Añagui. Un día, siendo todavía un chaval, vio
una luz brillante con tres ojos, que estaba en el suelo. Se acercó y
vio que era un coco. Lo cogió y se lo llevó a palacio, contó a sus padres
lo que había visto y luego tiró el
coco detrás de una puerta. Al rato, todos se asombraron al ver la luz
que salía del coco.
Al cabo de tres días Elegguá murió.
Todos le cogieron mucho respeto al coco, que seguía brillando. Pero el tiempo pasó y la
gente se olvidó del coco.
Con el tiempo, el pueblo iba cada vez a menos, hasta que llegó a una situación
desesperada . Para hacer frente al mal momento, se reunieron los viejos del lugar para
meditar sobre la causa de sus males y hallar la solución.
La conclusión después de mucho meditar, fue que los males del pueblo se debían al
abandono del coco, que al buscarlo, vieron efectivamente que se hallaba vacío y comido por
los bichos.
Los viejos acordaron hacer algo perdurable, y pensaron en colocar una piedra de santo en
el lugar donde murió Elegguá y ese fue su nacimiento como orisha.
Sus días son los lunes, día en que se
lo atiende, y su fiesta
se celebra el 1º de enero.
Se trata de un orisha mayor, que tiene las llaves del destino
y abre o cierra las puertas a la desgracia o a la felicidad.
Es la personificación del azar y la muerte. Como orisha es
hijo de Obatalá y
Yemú y es el primero de los cuatro guerreros
(Elegguá, Oggún, Ochosi y Osun) portero del monte y la sabana. Ganó con
Olofi, Obatalá y Orula suficientes
méritos
para ser el primero tanto al
comer como al saludar y ningún orisha le antecede porque el propio Olofi
le dijo: siendo tú el más chiquitito y mi mensajero, serás el más grande
en la tierra y en el cielo, y sin contar contigo nunca será posible
hacer nada.
También es el primero en ir tras la puerta y darle entrada a la casa.
Por lo general tiene 21caminos, aunque se conocen otros muy pocos mencionados,
es amigo y protector de Oshún.
La figura de Elegguá se encuentra muy ligada
a la de Echu. Echu es la encarnación de los
problemas de los hombres, una especie de Satán, pero no propiamente,
porque no debemos olvidar que ningún orisha representa conceptos puros
y todos admiten contradicciones.
Así, la pareja Elegguá-Echu representa la mítica relación entre lo positivo y lo negativo.
En la entrada de las casas reside Elegguá, para proteger el refugio familiar de la entrada
de Echu, el vagabundo que lleva consigo los problemas.
Los colores de Elegguá son el rojo y el negro, que representan la vida y la muerte. Sus
ofrendas son ron, tabaco, maíz tostado, coco, pescado ahumado, etc... también es un
ofrenda muy especial sacrificarle un ratón.
Los hijos de Elegguá son inteligentes y hábiles pero poco escrupulosos. Se dan a la
depravación y la corrupción. El timo, la estafa y las intrigas políticas les garantizan
el éxito en la vida.
Dentro del ámbito de la Religión Yoruba se reconoce como un niño, es por eso que es
travieso, burlón y algo majadero, pero muy trabajador para quienes lo poseen y creen en
él. Este Orisha es hijo de Obbatalá y Yemmú.
Receptáculo: Vasija de barro donde reposa.
Atributos: Todo tipo de objetos utilizados
en los juegos infantiles.
Collares: Cuentas rojas y negras alternadas.
Comidas: Dulces, arroz amarillo con pollo,
pescado y jutia ahumada, maíz tostado,
manteca de corojo (aceite D"endé), tabacos, aguardiente, miel, caramelos.
Animales que se le sacrifican: Chivos,
pollos, jutías, venados, jicoteas, ratón (este es su mensajero).